domingo, 13 de diciembre de 2009

Tradiciones

El Principito le preguntó al zorro qué es un rito
- Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro–.
Es lo que hace que un día sea diferente a los otros días;
una hora de las otras horas.



En mi casa no tenemos muchas tradiciones. O eso me parece. Sí, hay ciertas cosas que hacemos asiduamente como los mates después de la siesta o la serie de los martes por la noche. Pero no creo que se puedan catalogar como “tradiciones”.
Armar el árbol de Navidad es una de las pocas que tenemos y me gustaría hacerle justicia el mismo día que lo armamos. Debo confesar (para no caer en hipocresías) que no me gustan mucho las fiestas como tampoco me agradan los días de… (el amigo, la madre, etc.). A partir de un determinado momento empecé a notar que estaban envueltos, plagados, de sonrisas y promesas vacuas, abrazos y besos vacíos. No quiero generalizar. A muchas personas les gustan estas fechas y me parece bárbaro. Es simplemente una sensación.
Aclarado ese punto vuelvo a lo que les decía. Todos sabemos que el árbol de Navidad se arma tradicionalmente el 8 de diciembre. En mi casa se arma tradicionalmente después de esa fecha. No sé por qué, pero todos los 8 estamos haciendo otra cosa o simplemente no tenemos ganas de armarlo. Tal vez sabemos que se arma después del 8 y esperamos… esperamos el momento adecuado.
Hablaba de familia y tradición. En realidad al árbol siempre lo armamos mi vieja, mi hermano y yo. Y puede variar, de hecho hoy lo armamos con mi mamá. Mi viejo mira o ceba mates o se va a hacer otra cosa. Tal vez también esto es parte del rito.
Una de las cosas que más me gusta es el reencuentro con los viejos adornos y las charlas que surgen en torno a eso. ‘¡Mirá éste! ¿Te acordás? Debe ser uno de los más viejos…’ ‘A éste lo compramos cuando vos eras chiquita, y todo porque era rosa’ ‘Es horrible, ponelo atrás’ ‘Uh, de estos tenemos quichicientos’ ‘Che, a éste se le salió el cosito, traé hilo’. Cabe aclarar, por tonto que parezca, que todos los años hacemos los mismos comentarios, las mismas anécdotas, los mismos recuerdos. ‘Pobre esta guirnalda, mirá, está hecha pelota’ ‘¿Falta un poco de rojo por aquel lado?’ ‘Ese adornito es la mitad o un cuarto de hombrecito’. Este último comentario siempre trae risas.
Les cuento, además, que cada año compramos un adornito nuevo y que nunca dejamos uno afuera, por más roto, viejo o feo que sea. Mi mamá dice: ‘pobres adornitos, esperan todo el año para estar en el árbol’, justificación suficiente para colocar esos gotones rosas con flores o ese muñeco de nieve amarillo. Ninguno queda afuera, ninguno queda en la caja.
El tema de las luces es un tema. Siempre funcionan como quieren. Siempre mi vieja le pide a mi papá que las arregle. Siempre la convencemos de que están bien así. Y siempre quedan bien.
Esta tradición les puede sonar tonta, vetusta o aburrida. Ya no suelo escuchar ‘hoy armamos el arbolito’. Ahora se venden armados y se colocan o descolocan en determinadas fechas.
De todos modos pienso que no importa qué día o qué es lo que se hace en esa fecha. Lo importante, lo lindo, es tener un día diferente a los otros días; una fecha de las otras fechas.