domingo, 13 de diciembre de 2009

Tradiciones

El Principito le preguntó al zorro qué es un rito
- Es también algo demasiado olvidado –dijo el zorro–.
Es lo que hace que un día sea diferente a los otros días;
una hora de las otras horas.



En mi casa no tenemos muchas tradiciones. O eso me parece. Sí, hay ciertas cosas que hacemos asiduamente como los mates después de la siesta o la serie de los martes por la noche. Pero no creo que se puedan catalogar como “tradiciones”.
Armar el árbol de Navidad es una de las pocas que tenemos y me gustaría hacerle justicia el mismo día que lo armamos. Debo confesar (para no caer en hipocresías) que no me gustan mucho las fiestas como tampoco me agradan los días de… (el amigo, la madre, etc.). A partir de un determinado momento empecé a notar que estaban envueltos, plagados, de sonrisas y promesas vacuas, abrazos y besos vacíos. No quiero generalizar. A muchas personas les gustan estas fechas y me parece bárbaro. Es simplemente una sensación.
Aclarado ese punto vuelvo a lo que les decía. Todos sabemos que el árbol de Navidad se arma tradicionalmente el 8 de diciembre. En mi casa se arma tradicionalmente después de esa fecha. No sé por qué, pero todos los 8 estamos haciendo otra cosa o simplemente no tenemos ganas de armarlo. Tal vez sabemos que se arma después del 8 y esperamos… esperamos el momento adecuado.
Hablaba de familia y tradición. En realidad al árbol siempre lo armamos mi vieja, mi hermano y yo. Y puede variar, de hecho hoy lo armamos con mi mamá. Mi viejo mira o ceba mates o se va a hacer otra cosa. Tal vez también esto es parte del rito.
Una de las cosas que más me gusta es el reencuentro con los viejos adornos y las charlas que surgen en torno a eso. ‘¡Mirá éste! ¿Te acordás? Debe ser uno de los más viejos…’ ‘A éste lo compramos cuando vos eras chiquita, y todo porque era rosa’ ‘Es horrible, ponelo atrás’ ‘Uh, de estos tenemos quichicientos’ ‘Che, a éste se le salió el cosito, traé hilo’. Cabe aclarar, por tonto que parezca, que todos los años hacemos los mismos comentarios, las mismas anécdotas, los mismos recuerdos. ‘Pobre esta guirnalda, mirá, está hecha pelota’ ‘¿Falta un poco de rojo por aquel lado?’ ‘Ese adornito es la mitad o un cuarto de hombrecito’. Este último comentario siempre trae risas.
Les cuento, además, que cada año compramos un adornito nuevo y que nunca dejamos uno afuera, por más roto, viejo o feo que sea. Mi mamá dice: ‘pobres adornitos, esperan todo el año para estar en el árbol’, justificación suficiente para colocar esos gotones rosas con flores o ese muñeco de nieve amarillo. Ninguno queda afuera, ninguno queda en la caja.
El tema de las luces es un tema. Siempre funcionan como quieren. Siempre mi vieja le pide a mi papá que las arregle. Siempre la convencemos de que están bien así. Y siempre quedan bien.
Esta tradición les puede sonar tonta, vetusta o aburrida. Ya no suelo escuchar ‘hoy armamos el arbolito’. Ahora se venden armados y se colocan o descolocan en determinadas fechas.
De todos modos pienso que no importa qué día o qué es lo que se hace en esa fecha. Lo importante, lo lindo, es tener un día diferente a los otros días; una fecha de las otras fechas.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Potel sobreseído!

Enhorabuena!
Les dejo el link para los que estén siguiendo o les interese el caso.
Estoy escribiendo un par de cosas, pero por ahora en proyecto.
Nos veremos otra vez!

PD: gracias Martín por la data!

miércoles, 28 de octubre de 2009

Libros (2)


Me enojé. Me puse a hablar de libros con mi vieja y me enojé.
Necesito un libro para hacer un trabajo. Un libro de Edgar Morin que se llama "El paradigma perdido". Después de pasar por varias librerías que no lo tenían, encontré una que sí. Claro, lo tenían a cambio de 94 pesitos. ¿Qué tal?
Lo peor de todo esto es que después procesan a gente como Horacio Potel.
Quieren que estudiemos, que salgamos adelante. ¿Alguien me puede decir qué vamos a hacer si no podemos acceder a los libros? Nos manejamos con fragmentos fuera de contexto porque no podemos pagar la cantidad de libros que necesitamos. Y las bibliotecas siguen vacías por la falta de presupuesto. El libro que necesito para hacer el trabajo no está en las bibliotecas de la facultad. ¿La Cámara Argentina del Libro me va a dar "El paradigma perdido" y la otra docena de libros que necesito para poder estudiar decentemente?
Yo no sé cómo se resuelve esto, pero hay que difundirlo. Hay que gritar que gente que de buena fe alcanza el material completo a sus alumnos es procesada por la Cámara Argentina del Libro.
Y que no jodan. Que casi la totalidad de lo que recaudan se lo quedan ellos y no el escritor.

PD: Hoy los deleito con REP.


sábado, 17 de octubre de 2009

Benedetti+Arfuch


Bueno, como ya dije, estoy estudiando y no tengo tiempo para escribir nada. Sin embargo y para que esto no muera, les voy a transcribir otro poema de Benedetti y un artículo que tuve que leer y me pareció bastante copado.
Tal vez se pregunten por qué tanto fanatismo hacia Benedetti. Primero porque lo amo. Segundo porque hace un par de noches me devoré un libro de él. Tercero porque estuvo riquísimo (y no Guille, no me atraganté con la borra del café, jaja).
Les dejo "Nuevo canal interoceánico":

Te propongo construir
un nuevo canal
sin exclusas
ni excusas
que comunique por fin
tu mirada
atlántica
con mi natural
pacífico.

Y para los que tengan más tiempo "La imagen: Poderes y violencias" por Leonor Arfuch:

La imagen disputa a la cosa su presencia. Mientras que la cosa se contenta de ser, la imagen muestra que la cosa es y cómo es. La imagen es lo que saca a la cosa de su simple presencia para ponerla en pre-sencia (...) pero no una presencia "para un sujeto" sino "la presencia en tanto sujeto". Jean-Luc Nancy.
"Quien rechazaría hoy ver en la imagen el instrumento de un poder sobre los cuerpos y los espíritus?" se pregunta Marie-Jose Mondzian al comienzo de un libro con un título inquietante: “La imagen ¿puede matar?”. Introduce así un tema recurrente en lo que ha dado en llamarse "la era de la imagen", es decir, nuestro tiempo, donde parecemos vivir, pensar y actuar a través de las pantallas -de todas ellas- y de sus innúmeras refracciones en todos los espacios significantes. En efecto, el poder del "ver", como sentido que ha triunfado incontestablemente sobre todos los demás, se ha extendido a tal punto que las cosas del mundo -'esas que preexisten a nuestra existencia- se nos revelan casi sin sorpresa, bajo una forma de mirar modelada desde la más tierna infancia por el video y la televisión, ordenadas en espacios estéticos -y a menudo estáticos-, cada vez mías distantes de una plena experiencia sensorial. La ciudad, por ejemplo, se ofrece menos como conglomerado caótico y vibración del cuerpo que como constelación de imágenes trabajadas por el diseño -líneas arquitectónicas, trazado de las calles, señalización, vidrieras, objetos, anuncios, carteles, muchedumbres acordes con el flujo del mirar-, la naturaleza, por su parte, aparece ya domesticada, predispuesta al encuadre de la foto antes que al embeleso de la contemplación: el paisaje como presencia efímera -quizá apenas un alto en un tour- preanunciada en los folletos turísticos, los suplementos de los diarios, los films publicitarios, las paginas web...Los cuerpos, finalmente, también parecen haber perdido su consistencia y su diferencia, tallados de manera uniforme por la moda, la publicidad -y la violencia del comprar- , las dietas, la gimnasia, la sexualidad, la terapéutica…Tanto la imagen de si como la imagen del mundo han pasado, inevitablemente, por el registro de la visibilidad.
Es esa proliferación de lo visible, de aquello que emerge bajo los cánones de una visualidad conformada, estereotípica, diseñada -no parece ya haber imágenes "ingenuas", que no respondan a estilos y tendencias determinados- lo que ha llevado tanto a la caracterización de la 'época -es común hablar de "cultura" y hasta de "civilización" de la imagen- como a su problematización: desde hace décadas, distintos pensadores se han ocupado -y preocupado- ante esa especie de desmaterialización del mundo que supone su transformación en imagen y sobre todo en imagen capaz de repetirse al infinito. Así, el teórico alemán Walter Benjamin aludía a la pérdida del aura de la obra de arte -su unicidad en tanto original- a partir de la posibilidad de su reproducción técnica en cualquier superficie -láminas, ilustraciones, objetos de toda especie-, otros críticos analizaron la experiencia perturbadora que trajo aparejada el cine para los primeros espectadores, en tanto introducía una distancia con la (única) realidad a la que hasta entonces estaban acostumbrados y la reemplazaba por una nueva "presencia" de extraños cuerpos y objetos en movimiento. Tan fuerte fue esa impronta en la percepción visual que hoy podríamos decir que nuestra mirada es la del cine, a tal punto entrenada en encuadres, planos y ritmos que otro filosofo contemporáneo, Paul Virilio, propuso una equivalencia entre "mirar" y "filmar" , es decir, "ver" el mundo a través de los ojos del cine. Por su parte, Jean Baudrillard, en los años '70, cuando la televisión de masas y los mundos de la simulación tecnológica como Disneylandia hacían su irrupción victoriosa, acuño el concepto de "simulacro" para aludir críticamente a esa nueva realidad que aparecía como "más real que lo real".
Sin embargo, la cuestión de la imagen se remonta mucho mas atrás, a los antiguos griegos y a los principios mismos de las grandes religiones de Occidente: como interdicción absoluta de la imagen de Dios -y por ende, como sospecha ante la imagen en general- para los hebreos, como prohibición primero y celebración después, para los cristianos, en el tránsito entre la primitiva condena del fetichismo y la idolatría que suponía el nuevo monoteísmo y el ulterior despliegue de la imagen en el que se asentó el poderío universal de la Iglesia. Así, el poder de la imagen fue comprendido muy tempranamente: como imposición de autoridad -no otra cosa es el complejo ceremonial visual que acompaña en los ritos todas las investiduras, desde el cura párroco hasta el papa- , como encarnación del Padre ausente en la figura del Hijo -o en una humanización que, como las de los santos, fue violentamente rechazada por la Reforma protestante. La pugna entre lo visible y lo invisible, entre lo representable y lo irrepresentable, entre la condena y la exaltación -y también, entre la desconfianza de la imagen y la confianza en la palabra- , quedaba así instituida como uno de los dilemas de Occidente: sus ecos resuenan todavía hoy en los argumentos en torno de la primacía, y aun, la violencia de la imagen.
Quizá de una cierta lectura de los griegos -Platón, Aristóteles- deriva la idea de la imagen como mimesis, reflejo, representación, copia de segundo grado respecto del original -la cosa, el acontecimiento- y por ende, imposibilitada de ofrecer la verdadera dimensión del mundo. Sin embargo, en la interpretación que el filosofo Paul Ricoeur hace de la mimesis, 'esta no supone meramente una "copia" sino un modo de hacer ver "el mundo como en acto, los individuos como haciendo", es decir, no ya la ausencia absoluta de realidad sino una suerte de presencia, un hacer-ver performativo, que construye una realidad-otra, distinta pero no "inferior". La pintura, desde sus comienzos como arte religioso, educativo, es elocuente al respecto: eran sus propias convenciones de representación las que daban forma y sentido a las prácticas de los feligreses, y no una supuesta "anterioridad" de las mismas que ellas vendrían a reflejar. (Baxandall)
La oscilación entre presencia y ausencia así como una cierta impronta de sacralidad han quedado desde entonces asociadas naturalmente a la imagen -prueba de ello, la fotografía, sobre todo la que atesora el álbum familiar, con los seres queridos que están o ya no están. Objeto de reverencia o de adoración, de temor o de abominación, de ira o de tristeza, su valor guarda estrecha relación con los afectos, con la pasión, y por cierto, con el deseo: el deseo de ver, desde la imposibilidad de la imagen de Dios que agitaba a los antiguos hasta la pulsión escópica contemporánea, que no parece saciarse nunca en el continuo de la visibilidad.
¿Hay diferencia entre las imágenes del arte -de todas las artes visuales- o la fotografía -familiar, periodística, documental, artística- y el asedio constante al que estamos sometidos por la publicidad, la televisión y toda suerte de "juegos" electrónicos donde la imagen es solo un señuelo de seducción y/o de violencia? Podríamos estar de acuerdo en una respuesta afirmativa: mientras que las primeras nos proponen una lectura sin tiempo -o mejor, con nuestro propio tiempo-, las segundas nos someten a un acoso visual, auditivo, perceptivo, con la tiranía de su tiempo. Pero hay aún otras diferencias: el cómo y el para qué de unas y otras imágenes, qué ofrecen y que solicitan de nosotros. La autora francesa que citamos al principio propone una distinción entre imagen y visibilidad, la primera estimularía una recepción tendiente al conocimiento, la sensibilización, la reflexión, la segunda tendería a la seducción, la fascinación, a tornarnos sujetos irreflexivos, cautivos de nuevas idolatrías.
También podríamos preguntarnos si el poder de la imagen consiste en lo que muestra -y entonces, con voluntad terapéutica, intentar dejar ciertas cosas fuera de la visualidad, ya sea como padres, educadores o comunicadores sociales. Y aquí la respuesta, desde un punto de vista teórico, es negativa: no es lo que muestra una imagen lo que hace a su poder, a su impacto, a su valoración posible, sino, una vez más, el cómo, en qué contexto, con qué fines, dentro de qué lógica esa imagen ofrece a ver. Diferencia entre arte y pornografía, por ejemplo, o entre documentalismo y sensacionalismo, o entre testimonio y voyeurismo.
Estos interrogantes son particularmente relevantes ante la imagen traumática, cuyo impacto es decisivo en nuestras sociedades globalizadas. La tragedia de guerras, masacres, genocidios, atentados terroristas, catástrofes naturales y accidentes de todo tipo invade las pantallas cotidianamente poniéndonos "frente al dolor de los demás", según la expresión de la escritora Susan Sontag. Y aquí, si bien se trata de realidades que tienen lugar en distintas regiones del mundo -y también, por cierto, en nuestra propia tierra- la imagen que tenemos de ellas son producto de la construcción mediática: enfoques, encuadres, flujos, reiteraciones, focalizaciones, comentarios...son muy complejos los mecanismos de puesta en escena de la noticia y la manera en que dialogan con otros registros de la actualidad. Esta complejidad requiere, de nuestra parte, un verdadero esfuerzo de análisis e interpretación: si bien no debemos negarnos, en virtud de esa construcción, siempre arbitraria, a conmovernos o compadecernos, tenemos que ir, sobre todo como educadores, un poco más allá, afinando la lectura sobre el modo en que esas imágenes se nos dan a ver y qué solicitan de nosotros, qué nos piden, como sugería un conocido teórico. En primer lugar, que les reconozcamos su estatuto particular, su identidad de sujetos complejos y no de meras "cosas", luego, que atendamos a la fluctuación entre lo que muestran y lo que ocultan, su distancia respecto del acontecimiento que las inspira pero también su peculiar relación con éste. Porque lo que una imagen (nos) hace ver quizá hubiera resultado invisible si hubiéramos estado allí.
Pero además de este reconocimiento, de nuestra compasión o nuestro espanto, hay algo más que podemos ofrecer como respuesta -y allí está justamente el poder, la fuerza de la imagen, en lo que es capaz de producir en su perceptor-, un movimiento tanto de la afectividad como de la inteligencia, una reflexión que vaya más allá de ella misma, que nos coloque en una dimensión ética frente a ese dolor, y que esa postura pueda traducirse en algún tipo de acción, en el aula, en la vida, en el pensamiento... A esa postura reflexiva y crítica, que intenta hacerse cargo de lo que ve más allá de la fascinación, el horror o el lamento, podríamos definirla como "responsabilidad de la mirada", que es también responsabilidad por el otro/lo otro que se mira.
Si los medios de comunicación suelen abusar de la imagen traumática por la repetición, la insistencia morbosa en el detalle, el énfasis narrativo -aguzando así el deseo de ver aún mas- otras imágenes de violencia atraviesan las pantallas, del cine a la televisión, de la Internet a los juegos electrónicos. Realistas o ficcionales, esas imágenes expresan claramente el tono y el ritmo en que vivimos, en tanto van acompañadas de una sonorización particular, que es a veces la que manifiesta la mayor violencia. Y aquí, retomando la pregunta del principio, podríamos intentar responderla: por cierto que la imagen, en si misma, no puede matar -ver un crimen no transforma a nadie en asesino- pero es sin duda el uso de la imagen, su intensidad, su direccionalidad, lo que puede producir efectos indeseados, atizar las "pasiones tristes" como diría el filosofo Spinoza, que alientan la melancolía, el resentimiento, la agresividad, el odio, la venganza...
En el juego de la visibilidad generalizada, que parece no dejar nada afuera, ni la intimidad más recóndita ni el horror ni la abyección, no hay imágenes "buenas" o "malas" según lo que muestran -tampoco el ver escenas del paraíso nos transforma en ángeles- sino en todo caso, responsabilidades compartidas: entre los que producen las imágenes y las ponen bajo nuestros ojos de acuerdo a modalidades y dinámicas específicas y nuestra propia responsabilidad al mirar y ser mirados, porque toda imagen, como el espejo de Narciso, nos devuelve también nuestro propio rostro.

Hasta pronto.
PD: Hoy toca Andru con su banda "Luis XIV" en la Macarena. La anticipada sale 8 pe. Vayan.

lunes, 12 de octubre de 2009

Heráclito+Benedetti


Qué loco.
Leyendo a Néstor Luis Cordero ("La invención de la filosofía", libro que recomiendo a los iniciados en filosofía antigua) y en particular el capítulo sobre Heráclito, miren lo que encontré:

Lo que diverge, converge, y la más bella armonía proviene de las cosas diferentes.
No sé si les suena, pero lo tengo escrito acá a un costadito:

Cada cuerpo tiene su armonía y su desarmonía. En algunos casos la suma de armonías puede ser casi empalagosa. En otros el conjunto de desarmonías produce algo mejor que la belleza.
Eso es de Mario Benedetti.
Cómo me gusta que se encuentren. Eso era nomás.

P.D.: No ando con mucho tiempo por la facu, así que lo más probable es que no escriba durante un tiempo. De todos modos anoche empecé una recopilación de sonidos que escucho. Sonidos de la noche. Para mi son interesantes. A ustedes seguro les va a resultar un embole (sobre todo por el hecho de que sea una lista con palabras sueltas). No me importa, cuando consiga una cantidad interesante, los subo.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Reflexiones feministas



Un día del año pasado miré uno de esos programas de rejunte de chimentos que pasan por algún canal de aire. Debo admitir que quedé sorprendida. Un rejunte se hablaba de los "hombres T" (o G, o adjetivados con alguna otra letra del abecedario) refiriéndose a los metrosexuales. Una señorita muy simpática nos decía que para ponerse cremas y depilarse estaba ella, que ella necesitaba un hombre "bien macho" que revisara motores o algo por el estilo. Ajá.
Recurro a algo más actual: un niño le pregunta a su mamá de propaganda qué es la frustración, y ella le responde que era lo que sentía cuando lavaba la ropa y la mancha continuaba apareciendo.
Otras señoritas nos comentan que su vida cambió por la crema X o el depilador Y, que mirá todo el tiempo que nos ahorra no lavar los platos gracias al lavavajillas Z para hacer otras cosas tan femeninas como mirar películas con tu marido o ir al gimnasio. Me pregunto por qué no leer un libro o revisar el motor del auto. ¡Ah! Ya me acordé: porque aparentemente nadie lee y es cosa de "machos" revisar motores. Claro, que tonta.
Las mujeres de la televisión nos enseñan eso: que lo más femenino del mundo es estar sana, depilada, con piel tersa y firme, sin celulitis ni várices, bien bronceadas, flacas, bien vestidas y perfumadas, y cuya mayor diversión es mirar películas con el marido e ir al gimnasio. ¡Ah! Pero qué joda nos comemos las minas.
Los hombres, por otro lado, pueden estar con muchas señoritas al mismo tiempo (porque así son ganadores, las mujeres así son prostitutas), emborracharse, ir a fiestas, comprar muchos autos.
Lo que sinceramente no entiendo es cómo seguimos soportando todo esto. Y lo que me pone casi violenta es que la mayoría de las mujeres terminen siendo más machistas que los hombres.

P.D.: con esto no quiero decir que hay que hacer un boicot a los productos ni nada por el estilo. Sólo invito a reflexionar acerca de los estereotipos sociales.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Para tener en cuenta

Mi última entrada al blog tuvo una respuesta bastante particular que me dio a pensar muchas cosas. Así que decidí citar esa respuesta para hacer un par de aclaraciones.
Esta respuesta decía:

"Sobre todo en tiempos en que la derecha gana cada vez más fuerzas y adeptos. Basta." Tenemos que ser todos de la izquierda??

Bien, tenemos varios elementos para trabajar:
  1. La palabra tenemos: voy a recalcar lo que respondí. Este blog es uno de opinión. Esto quiere decir que no estoy obligando a nadie a pensar como lo hago yo. Quiero aclararlo desde el vamos porque es muy importante. Supuse que todos se iban a dar cuenta de que simplemente estoy opinando y aparentemente supuse mal. Otra cosa que quiero que tengan en cuenta es que mis opiniones van a estar tiradas a la izquierda. Si no les gusta o no soportan pensamientos de esa índole, ya están advertidos.
  2. El borrar los grises: el pensamiento que no es de derecha no necesariamente es de izquierda y viceversa. Hasta donde yo sé, sigue habiendo centros. Es más, hay mucha gente que se enojaría si los meten en alguno de los dos extremos. Yo recomendaría un poco más de delicadeza con respecto a este tema.
  3. El desviar el tema: creo que lo único que medianamente me ofendió de este comentario (cosa que vio mi amiga Marci con claridad) fue que desvió totalmente el núcleo del asunto. Yo estaba comentando acerca de una cosa completamente distinta: el hecho de que no hay acuerdos, concensos, cuando justamente son más necesarios. De cierta manera, hablaba de una falta de compromiso con la causa común y no de izquierdas y derechas.
  4. El anónimo: ya lo dije y lo vuelvo a decir. Me gusta hablar con personas y no con firmas de blogspot. Por lo tanto, si no es mucho pedir, me gustaría que dejen un nombre. Especialmente si la charla da para más y sobre todo si es una crítica interesante. Así que invito a sr./sra. anónimo a revelar su identidad.
Bien, creo que eso es todo. Espero haber aclarado un poco mejor este asunto del blog. Lo digo con la mejor y para evitar malos entendidos.
Los invito a seguir opinando en el tema anterior ya que hay mucha tela para cortar.
Besobés.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Encomio a las banderas comunes (o cómo evitar perjudicarlas)


Bueno, debo admitir que estoy un poco enojada. Un poco porque también ya se me pasó. De todos modos, voy a contarles lo sucedido.
No sé si sabrán, pero empezaron los juicios a los genocidas acá en Rosario. Desde la Facu de Humanidades y Artes se armó una marcha para ir todos juntos hacia donde los juzgan. El problema fue el siguiente: se armaron dos marchas paralelas desde el mismo punto de partida. ‘Qué loco’ puede pensar uno, pero el problema es (para mi) más grave. Se supone que ante estas causas estamos todos juntos, que vamos a repudiar en conjunto a los genocidas, que vamos a pedir en comunidad ciertas cosas… y no a hacer bandera ni propaganda partidaria. Les voy a contar un secreto: tengo muchos amigos que dejaron de ir a las marchas porque piensan que se convirtieron en pura propaganda política y que no tiene sentido ir.
Yo creo que está buenísimo militar, tener creencias, ideales. Es más, lo aplaudo y lo fomento. Pero si se va a armar un lío cada vez que se supone que tenemos que estar unidos… muchachos: bajen las banderas. Marchemos y convoquemos banderas comunes que nos representen a todos. Basta de pelearse por quién está más adelante o más atrás. Encabezar una marcha no te hace mejor ni peor.
Me gustaría mucho saber qué opinan acerca de estos conflictos. Recordemos que no es un caso aislado. Los que fueron a la marcha del 24 de este año, recordarán las corridas y los cascotazos.
Por último quiero decir que es esencial que en este tipo de marchas y conglomeraciones haya mucha gente, que esos asesinos se den cuenta de que no les vamos a permitir repetir lo que hicieron. Esos casos que tomé hacen que la gente no quiera ir, que esté asustada. Y por esto digo que el problema es tan grave. Sobre todo en tiempos en que la derecha gana cada vez más fuerzas y adeptos.
Basta.

jueves, 23 de julio de 2009

Sí, es posible cambiar el mundo



Muchos se ríen cuando digo que quiero ser profesora. Lo peor de todo es que después dicen que quieren cambiar el mundo, ingenuos. No saben que cada persona es un mundo (si es que no es un universo). Yo no digo que quiera cambiar el mundo, pero la perspectiva de moverle el piso a alguien, por más que sea una sola persona, con lo que digo o escribo (y tal vez, en el futuro “enseñe”*), me seduce. No puedo evitarlo.

*Las comillas tal vez sean explicadas en otro post.

miércoles, 22 de julio de 2009

Bolsita de Sugus

Bueno, tengo un par de cosas para contar y otras para agregar.
Lo primero es que agregué un contador a mi blog! Ahora puedo saber con toda seguridad cuán poco popular soy ja.
Lo segundo es que recién se me pegó "De igual a igual" de León Gieco y me di cuenta de que pegaba mucho con uno de los temas sobre los que escribí hace un tiempo atrás. Les dejo algunas estrofas:


Europa no recuerda
de los barcos que mandó
Gente herida por la guerra
esta tierra la salvó.

Si me pedís que vuelva otra vez donde nací
yo pido que tu empresa se vaya de mi país
Y así será de igual a igual
Y así será de igual a igual.
[...]
Los llamados ilegales
que no tienen documentos
son desesperanzados
sin trabajo y sin aliento.

Ilegales son los que
dejaron ir a Pinochet
Inglaterra se jactaba
de su honor y de su ley.

Ya sé que es súper conocido ese tema. Pero muchas veces no prestamos tanta atención a lo que dice la letra. Y la de este tema es genial.
Y lo último que iba a decir se me olvidó (ja), pero ya que estoy hago un comentario: si quieren cierren la facultad, la escuela, etc. pero seamos coherentes. El otro día osé a ir al cine del shopping y estaba llenísimo de gente. No digo que nos quedemos encerrados, pero tomemos medidas coherentes.
Eso es todo. Y que tengan buen día, buenas tardes y excelentes noches.

domingo, 19 de julio de 2009

Apología a la memoria (o por qué estudiar filosofía)


Muchos me preguntan por qué estudio filosofía.
Muchos se preguntan por qué tienen que estudiar filosofía.
Claro, cómo no se van a preguntar el fin de estudiar lo que dijeron unos tipos hace más de 2000 años. La pregunta es totalmente válida porque, además, eso no te lo enseñan en la escuela. En ella nos tiran un montón de datos de “cultura general” para que podamos hablar como “personas civilizadas”. Como si eso fuese lo que realmente importa. Yo sé que soy una estudiante que recién empieza a formarse, pero también sé que ése no es el fin (objeto) de la filosofía.
¿Cómo podemos pensar el mundo de hoy (desde cualquier perspectiva) si ni siquiera sabemos (o por lo menos nos planteamos) lo que somos, por qué queremos lo que queremos o por qué estamos en donde estamos?
Eso que dijeron algunos hace más de 2000 años influyeron notablemente en lo que somos hoy. Porque gente como Sócrates, Platón o Aristóteles (por nombrar a los que todos escuchamos alguna vez) plantearon una idea de hombre que, si bien hoy es leída desde numerosas perspectivas, tuvieron muchísimo peso en las concepciones subsiguientes a pesar de los cambios y rupturas que se fueron dando a lo largo de la historia. Pero si se pretende comprender cómo es que se dieron esos cambios, una forma de hacerlo (que creo que enriquece la comprensión) es estudiar cómo influyeron los diversos pensadores en cada época y cómo fue recibido su pensamiento a medida que fue pasando el tiempo. En una palabra, si buscamos entender lo que somos hoy es interesante remontarnos a lo que fuimos ayer. Pero no hay que olvidar que lo que sucedió ayer no pasó porque tenía que pasar, sino que había un abanico de oportunidades. Sí, pasó lo que pasó. Pero no era absolutamente necesario que sucediera así. Si podemos entender esto, nos damos cuenta de que el futuro es también un abanico. Y depende de cada uno de nosotros lo que suceda en el futuro. Es nuestra responsabilidad entender lo que pasa hoy para poder proyectarnos mañana.
Depende de todos y cada uno de nosotros.
Muchos me preguntan por qué estudio filosofía.
Muchos se preguntan por qué tienen que estudiar filosofía.

domingo, 28 de junio de 2009

Para acordarme...


.
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Dejo un texto sobre el cual (prometo) escribir algún día:


Espantapájaros (al alcance de todos) 24
Por Oliverio Girondo

El 31 de febrero, a las nueve y cuarto de la noche, todos los habitantes de la ciudad se convencieron que la muerte es ineludible. Enfocada por la atención de cada uno, esta evidencia, que por lo general lleva una vida de araña en los repliegues de nuestras circunvoluciones, tendió su tela en todas las conciencias, se derramó en los cerebros hasta impregnarlos como a una esponja. Desde ese instante, las similitudes más remotas sugerían, con tal violencia, la idea de la muerte, que bastaba hallarse ante una lata de sardinas —por ejemplo— para recordar el forro de los féretros, o fijarse en las piedras de una vereda, para descubrir su parentesco con las lápidas de los sepulcros. En medio de una enorme consternación, se comprobó que el revoque de las fachadas poseía un color y una composición idéntica a la de los huesos, y que así como resultaba imposible sumergirse en una bañadera, sin ensayar la actitud que se adoptaría en el cajón, nadie dejaba de sepultarse entre las sábanas, sin estudiar el modelado que adquirirían los repliegues de su mortaja. El corazón, sobre todo, con su ritmo isócrono y entrañable, evocaba las ideas más funerarias, como si el órgano que simboliza y alimenta la vida sólo tuviera fuerzas para irrigar sugestiones de muerte. Al sentir su tic-tac sobre la almohada, quien no llorara la vida que se le iba yendo a cada instante, escuchaba su marcha como si fuese el eco de sus pasos que se encaminaran a la tumba, o lo que es peor aun, como si oyese el latido de un aldabón que llamara a la muerte desde el fondo de sus propias entrañas. La urgencia de liberarse de esta obsesión por lo mortuorio, hizo que cada cual se refugiara —según su idiosincrasia— ya sea en el misticismo o en la lujuria. Las iglesias, los burdeles, las posadas, las sacristías se llenaron de gente. Se rezaba y se fornicaba en los tranvías, en los paseos públicos, en medio de la calle... Borracha de plegarias o de aguardiente, la multitud abusó de la vida, quiso exprimirla como si fuese un limón, pero una ráfaga de cansancio apagó, para siempre, esa llama rada de piedad y de vicio. Los excesos del libertinaje y de la devoción habían durado lo suficiente, sin embargo, como para que se demacraran los cuerpos, como para que los esqueletos adquiriesen una importancia cada día mayor. Sin necesidad de aproximar las manos a los focos eléctricos, cualquiera podía instruirse en los detalles más íntimos de su configuración, pues no sólo se usufructuaba de una mirada radiográfica, sino que la misma carne se iba haciendo cada vez más traslúcida, como si los huesos, cansados de yacer en la oscuridad, exigieran salir a tomar sol. Las mujeres más elegantes —por lo demás— implantaron la moda de arrastrar enormes colas de crespón y no contentas con pasearse en coches fúnebres de primera, se ataviaban como un difunto, para recibir sus visitas sobre su propio túmulo, rodeadas de centenares de cirios y coronas de siemprevivas. Inútilmente se organizaron romerías, kermeses, fiestas populares. Al aspirar el ambiente de la ciudad, los músicos, contratados en las localidades vecinas, tocaban los “charlestons” como si fuesen marchas fúnebres, y las parejas no podían bailar sin que sus movimientos adquiriesen una rigidez siniestra de danza macabra. Hasta los oradores especialistas en exaltar la voluptuosidad de vivir resultaron de una perfecta ineficacia, pues no solo los tópicos más experimentados adquirían, entre sus labios, una frigidez cadavérica, sino que el auditorio sólo abandonaba su indiferencia para gritarles: “¡Muera ese resucitado verborrágico! ¡A la tumba ese bachiller de cadáver!” Esta propensión hacia lo funerario, hacia lo esqueletoso, ¿podía dejar de provocar, tarde o temprano, una verdadera epidemia de suicidios? En tal sentido, por lo menos, la población demostró una inventiva y una vitalidad admirables. Hubo suicidios de todas las especies, para todos los gustos; suicidios colectivos, en serie, al por mayor. Se fundaron sociedades anónimas de suicidas y sociedades de suicidas anónimos. Se abrieron escuelas preparatorias al suicidio, facultades que otorgaban título “de perfecto suicida”. Se dieron fiestas, banquetes, bailes de máscaras para morir. La emulación hizo que todo el mundo se ingeniase en hallar un suicidio inédito, original. Una familia perfecta —una familia mejor organizada que un baúl “Innovación”— ordenó que la enterrasen viva, en un cajón donde cabían, con toda comodidad, las cuatro generaciones que la adornaban. Ochocientos suicidas, disfrazados de Lázaro, se zambulleron en el asfalto, desde el veinteavo piso de uno de los edificios más céntricos de la ciudad. Un “dandy”, después de transformar en ataúd la carrocería de su automóvil, entró en el cementerio, a ciento setenta kilómetros por hora, y al llegar ante la tumba de su querida se descerrajó cuatro tiros en la cabeza. El desaliento público era demasiado intenso, sin embargo, como para que pudiera persistir ese ímpetu de aniquilamiento y exterminio. Bien pronto nadie fue capaz de beber un vasito de estricnina, nadie pudo escarbarse las pupilas con una hoja de “gillette”. Una dejadez incalificable entorpecía las precauciones que reclaman ciertos procesos del organismo. El descuido amontonaba basuras en todas partes, transformaba cada rincón en un paraíso de cucarachas. Sin preocuparse de la dignidad que requiere cualquier cadáver, la gente se dejaba morir en las posturas más denigrantes. Ejércitos de ratas invadían las casas con aliento de tumba. El silencio y la peste se paseaban del brazo, por las calles desiertas, y ante la inercia de sus dueños —ya putrefactos— los papagayos sucumbían con el estómago vacío, con la boca llena de maldiciones y de malas palabras. Una mañana, los millares y millares de cuervos que revoloteaban sobre la ciudad —oscureciéndola en pleno día— se desbandaron ante la presencia de una escuadrilla de aeroplanos. Se trataba de una misión con fines sanitarios, cuyo rigor científico implacable se evidenció desde el primer momento. Sin aproximarse demasiado, para evitar cualquier peligro de contagio, los aviones fumigaron las azoteas con toda clase de desinfectantes, arrojaron bombas llenas de vitaminas, confetis afrodisíacos, globitos hinchados de optimismo, hasta que un examen prolijo demostró la inutilidad de toda profilaxis, pues al batir el record mundial de defunciones, la población se había reducido a seis o siete moribundos recalcitrantes. Fue entonces —y sólo después de haber alcanzado esta evidencia— cuando se ordenó la destrucción de la ciudad y cuando un aguacero de granadas, al abrasarla en una sola llama, la redujo a escombros y a cenizas, para lograr que no cundiera el miasma de la certidumbre de la muerte.

martes, 16 de junio de 2009

El ciudadano "apolítico"



Se vienen las elecciones amigos. Les voy a dejar un texto para que lo piensen:

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El auge del ciudadano “apolítico”
por Orlando Barone


El ciudadano apolítico es político y todavía más que el político. Pero no lo reconoce, o lo que es peor: no lo sabe.
S
e aparta de cualquier filiación partidaria agitando la bandera Argentina.
Aún votando lo hace a disgusto y enseguida que vota se arrepiente.
Si por él fuera el voto sería calificado. Y él se incluiría como votante.
Habla con desprecio de los políticos; y aún más de quienes están en funciones públicas.
Y proclama que ningún gobierno le dio nada y que es más lo que le quitan.
Es proclive a creer en cualquier dicho o rumor que descalifique a un gobernante o lo acuse de corrupto.
El c
iudadano apolítico repite frases como que “los que no trabajan es porque no quieren”. “Los sindicalistas son una manga de ladrones”. o “ Aquí lo que hace falta es disciplina”.
Extraña el orden de las dictaduras. Y no entiende que haya que esclarecer tragedias del pasado.
El ciudadano apolítico se horroriza más por la inseguridad que por el origen social que la provoca. Se aterra más ante un delincuente morocho que ante uno rubio. Aún siendo él morocho.
Podría aplaudir un linchamiento sin juez, solo por sospechar del ajusticiado.
Renie
ga de los fallos que no condenen a cadena perpetua y desprecia a los abogados defensores.
Le atraen los líderes episódicos que enfrentan al poder público con rigor cívico; así como los líderes populares le parecen ramplones.
Cree en Dios, pero descree de quienes creen en otros dioses, o no creen.
Pregona no tener prejuicios contra nadie salvo contra los que se los merecen.
Piensa que hay demasiada inmigración que no es la apropiada. Considera también inapropiados a los homosexuales, travestis y prostitutas.
Sólo sale a la calle cíclicamente por arrebatos que él llama espontáneos, aunque se autocon
voque con intención por cadena de Internet o por teléfono. Nunca esos arrebatos expresan demandas laborales y nunca coinciden con los trabajadores.
Siente placer en demostrar descontento público. Y que esa demostración luzca diferente a las otras marchas de gente heterogénea y desordenada a la que traen de cualquier parte. Por eso protesta por el barrio; para que al lado suyo estén otros como él: no distintos.
Cree no estar ideologizado: no comprende que su apoliticismo es ya una ideología.
Solo sabe quienes son los enemigos: llevan la marca en el orillo: siempre hablan de la desigualdad y la pobreza.
Está seguro que el país sería mejor sin políticos, sin vagos , sin delincuentes, y sin razas indeseab
les. Pero no explica cómo lo conseguiría y quien estaría a cargo del diseño.
Acaso imagina un gran gerente nórdico, y un gabinete de técnicos impolutos que gobernaran con un barbijo.
El ciudadano apolítico presume estar en una posición neutra en el centro perfecto.
Pero está a la derecha.

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Me acuerdo que cuando leí este texto me acordé de que una profesora siempre nos decía "A la historia la hacemos todos, ya sea por acción, ya sea por omisión. Lo mejor, claro, es hacerla por acción".

Ya he escuchado y leído de nuevo eso de "Anulá, votá en blanco o ni vayas". Debo admitir que me muero de bronca cada vez que veo un cartel así. Años sin poder votar en la Argentina como para que ahora... en fin. Otra profesora siempre nos decía que para ella votar es una fiesta.
Votemos, y votemos con ganas. Pero votemos informados y no a cualquiera.
Y si no votan che, agua y ajo.
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PD: gracias Alejandra Gauna y Rosa Ferrer. Y gracias Cammi por acercarme el texto.

jueves, 11 de junio de 2009

Sugus al margen


Ayer comentaron en una clase de consulta que las células que provocan el cáncer son células que se resisten a morir. Esperemos que las nuestras sean estoicas.

sábado, 6 de junio de 2009

Sugus chapado a la alternativa


Hoy. Hoy las cosas me resultan un poco extrañas. Resulta que no tener ideología es algo común. Que la política es algo raro. Que la seguridad de basa en construir un muro. Que la comunicación se centra en un aparatito y la popularidad en tener muchos y los más nuevos, claro. Que la moda es religión y la pasión algo pasado de moda. Que los homosexuales son unas personas de lo más simpáticas, ¡pero qué asco que dan! Que no hay racistas, pero no te acerques a ese negro de mierda. Que Siberia está llena de hippies que se hacen los que estudian carreras de mentira (y ni hablar Humanidades). Que si no terminás la Escuela no sos nadie, pero que si estudiás en la Universidad seguro sos un falopero. Que si sos un poco diferente sos un loco, un perdedor, un demente. Que sos raro si leés y claramente homosexual si sos varón y escribís un poema. Que ir de putas te hace macho y flaca, sana y tonta te hace mujer. Que ya casi ni vemos chicos en el parque, pero seguro los encontrás en el Shopping Center, en el Cyber. Que las parejas hacen el amor por Internet y rompen vía sms. Que vivir la vida de los otros por TV es lo único que da tema de conversación en la mesa. Que sólo encajás si te ponés una máscara y salís al boliche con tacos altos y una borrachera que no es tan grave como parece.
¿Crítica? No sé. Solamente transmito lo que escucho, lo que veo. Es lo que acontece, y no vale la pena enojarse o indignarse por eso. Simplemente me da para pensar si toda esta vida de in, out, shopping y facebook es la que me gusta o no. O si más bien prefiero salir a tomar un mate con un amigo al parque y disfrutar... el ruido de los autos que pasan por al lado (nada es perfecto).
A lo que voy es: no es necesario aceptar todo, como tampoco lo es decir que todo está mal. Es lo que acontece. Tratemos de vivir un poco más relajados, un poco más nosotros, y tratemos de valorar y defender lo que realmente creemos, queremos, deseamos.
Coincidir siempre con la mayoría y adaptarse no es tan divertido como creemos. Y encajar no nos hace más persona, nos hace pieza de rompecabeza.
PD: gracias Gustavo Varela.

jueves, 14 de mayo de 2009

Bolsita de Sugus

Resulta que estoy en un estado esponjal: me están dando tanto para leer en la facultad que el cerebro no me da más. Bueno si, un poco exagerado. La cosa es que estoy buscando una excusa para explicar por qué no estuve escribiendo ni subiendo nada.
En fin: me dieron ganas de subir pero no de escribir. Así que acá estoy para hacer una pequeña recopilación de frases. Les guste o no.
Un beso y hasta la próxima.
  • Yo soy también el nieto, biznieto, tataranieto de un esclavo. (Que se avergüence el amo.). Nicolás Guillén
  • La luna, enamorada del poeta, bajó. Sin prever lo que ocurriría con las mareas. Lástima. Ricardo Liniers Siri
  • El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos. Antonio Gramsci
  • Your life is yours to create, what you do makes a difference. There's only one instant, and it's right now. And it's eternity. Richard Linklater
  • ¿Qué pasión, qué melodía tocó el corazón humano para conducir la mano del sueño a la poesía? Silvio Rodriguez
  • ¿Se puede olvidar sin matar a latigazos la memoria? Alma Aparicio
  • Despabílate amor que el horror amanece. Mario Benedetti
  • A lo largo de la historia, hombres doctos o brutales supieron con certeza qué delito merecía la pena capital. Siempre supieron que yo, no otro, era el culpable. Jamás dudaron de que el castigo era ejemplar. Cada vez que se alude a este escarmiento la Humanidad retrocede en cuatro patas. María Elena Walsh

lunes, 23 de marzo de 2009

La "marcha de la bronca"


Hace poco se llevó a cabo lo que se llamó “Marcha de la bronca”. Por lo menos, así aparecía publicitada (sí, publicitada) en los medios de comunicación. Me acuerdo cuando me acerqué al televisor, un poco desconcertada, al ver cómo habían titulado a la marcha. No sé si están enterados, pero “La marcha de la bronca” es una canción que fue compuesta por Miguel Cantilo en los ‘70. Si, es una canción de protesta. Pero por favor respóndanme esto: ¿acaso leyeron la letra?
La supuesta “Marcha de la bronca” era una marcha que reclamaba más seguridad. ¿No se pusieron a pensar que hay problemas de fondo? ¿No se pusieron a pensar que el pobre pendejo que les roba dos pesos en la peatonal no es comparable con el político hijo de puta que roba, vende y regala al país? Evidentemente no, porque estamos preocupados con otras cosas, tan importantes como la opinión de Susana Giménez (quien dice que hay que volver a imponer la colimba obligatoria, para que los pibes no consuman paco). ¿Hasta dónde vamos a llegar?
Ahora resulta que, seguro, todos nuestros problemas se van a resolver si ponemos 400 canas en cada manzana argentina. Así si que vamos a estar seguros, imagínense.
Cantilo canta:

Para los que toman lo que es nuestro
con el guante de disimular
Para el que maneja los piolines
de la marioneta universal.

¿Seguros que leyeron la letra? Y sigue:

Para el que ha marcado las barajas
y recibe siempre la mejor
con el as de espadas nos domina
y con el de bastos entra a dar y dar y dar.


Y las partes que me parece que obviaron por completo:

Bronca porque roba el asaltante
pero también roba el comerciante.
[...]
Los que mandan tienen este mundo
repodrido y dividido en dos
culpa de su afán de conquistarse
por la fuerza o por la explotación.


Si no fuese porque esto realmente me preocupa, porque (como a Cantilo) me da bronca, me estaría mueriendo de risa. Y simplemente para terminar:

Bronca cuando a plena luz del día
sacan a pasear su hipocresía.


Hasta luego.

lunes, 23 de febrero de 2009

Cosas que pesan


No me importa tu ocupación, pero me importa si te gusta. No me importa tu color de piel, sino el color de tus ojos. No me importa tanto de dónde venís, me interesa a dónde querés llegar. No me importa tu partido político, sí tu ideología. No me importa que te vayas lejos de viaje, pero sí que estés lejos cuando te tengo cerca. No me importa tanto lo que pensás como lo que hacés. No me importa cómo ni dónde dormís, sino lo que soñás. No me importa si tenés plata, me importa que tengas riqueza. No me importa qué música escuchás o qué autores leés, me importa lo que sentís cuando lo hacés. No me importa tu religión, me interesa en qué creés. No me importa cómo te comunicás, me importa lo que decís. No me importa qué auto tenés, me interesa el rumbo de tu vuelo. No me importa tanto lo que hiciste, sino cómo llegaste a hacerlo.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Cajita de sugus de limón


Lo que fue, lo que es, lo que ya no será. Una noche casi sin sueño por esa frase. Qué horrible, pensé, no entender cada uno de esos momentos cuando los estamos pasando. Y sin embargo… Sin embargo son dificilísimos de aceptar, entender, pensar con mente fría. Y lo que es más duro es saber cómo manejar esos tres momentos. Lo que fue. Eso es lo más lindo. Generalmente cuando uno se refiere a eso, fue una hermosa época pasada que anhelamos. Lo que es. La realidad, el ahora. Eso es bastante espantoso muchas veces. Pero lo peor de todo es Lo que ya no será, porque hay que aprender a aceptar que listo, que ya está, que ya terminó. Que por el bien de ambos no hay que seguir, ni volver, porque nunca se va a repetir lo que fue.

domingo, 8 de febrero de 2009

Xenofobia


¿Marchas xenófobas en Europa? Lo único que faltaba. Ya suficiente teníamos con todas las barreras que pusieron, con toda la gente que hecharon. Y ahora además marchas para que no contraten gente que no nació en un lugar.
¿Por qué me da tanta bronca? Porque siempre que hubo crisis en el primer mundo (y remarquemos épocas de guerra) siempre fueron bienvenidos a los lugares que emigraron. Pero claro, cuando las cosas están mal en los países del tercer mundo, nos cierran las puertas. No vaya a ser que se contagien de un sudaca, ¿no?
Estoy tan embroncada. Ya nos colonizaron, ya nos sacaron las riquezas, nos explotaron, destruyeron nuestras costumbres e idiomas, compraron nuestras tierras y nuestras aguas (o más bien las regalaron nuestros corruptos gobernantes) y lo siguen haciendo. Ojo, no voy a excluir a mi país (Argentina) de todo esto. No voy a excluir a nadie de un sentimiento tan espantoso como es el ultranacionalismo. Pero lo que quiero remarcar es que justamente son los países del primer mundo los que nos explotan continuamente, y cuando lo que tendrían que hacer es recibirnos con los brazos abiertos, lo que hacen es cerrarnos las puertas.
Cansada estoy de la xenofobia. Cansada de los estereotipos.
Bob Marley lo dijo: “La guerra seguirá existiendo mientras que el color de la piel sea más importante que el color de los ojos”.

miércoles, 21 de enero de 2009

Ojo por ojo, diente por diente (o cómo quedarnos ciegos y comiendo puré)


Estas vacaciones me dieron para pensar, por suerte.
Les comento que leí una contratapa del diario Página12 que escribió José Pablo Feinmann*. La nota trata sobre una serie yanki que se llama “24”, no sé si la han visto (yo no, aclaro). Lo que hace el autor es contar un par de capítulos y relatarnos lo que él llama el esquema-chantaje de la serie. Es muy interesante la verdad, les dejo el link abajo (por si no se fijaron en el asterisco). Lo curioso de todo esto es que después de que mi vieja me leyera esta contratapa tuve el desagrado de ver una película que se llama “Venganza” (creo que el título original el “Taken”, pero no estoy segura). Les cuento un poco yo: dos amigas se van de vacaciones a Francia solas y cuando llegan allá las secuestra una red de trata de personas. Una de las chicas puede contarle esto al padre justo en el momento en que estaba siendo raptada y el padre viaja a rescatarla (obviamente es una especie de súper agente o algo así). Resulta que el tipo mata y tortura a miles de tipos hasta encontrar a su hija, viajan de vuelta y final feliz. Todos dicen: “¡qué bárbara la peli! ¡Qué bien, qué correcto el padre que rescata a su hija!”. Y durante la película nunca falta el que festeja los golpes y shocks eléctricos que se les aplican a los malos (porque obviamente son malos y el papá es bueno). Que loco, pensé, que justo viene al pelo como otro ejemplo del esquema-chantaje. ¿Cómo el padre no va a matar y torturar a tantas personas habiendo sido secuestrada su hija? ¿Qué importan los medios si el fin es bueno? Que loco, podemos seguir pensando, que tal vez esto mismo lo plantearon los nazis, los fascistas, los genocidas del golpe del 76, etc. Que loco que se le enseñe a la gente que la tortura y la violencia son buenas, que están justificadas. ¿Otro dato? Los malos no eran franceses, eran inmigrantes… ¿casualidad?
En este punto quiero aclarar: no estoy defendiendo bajo ningún punto de vista la trata de personas y para nada los estoy justificando (para los que piensan este tipo de huevadas). Lo que yo sostengo es que no se puede tratar a la violencia con violencia ¿por qué? Porque provoca más violencia. Simplemente por eso.
¿La solución? Yo no la sé, pero estoy segura de que ésa no es.


* http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/index-2009-01-11.html