sábado, 29 de septiembre de 2012

"Las epidermis se chamuscan a una constancia que me alienta"


Es absolutamente exacto que yo no me siento capaz de efectuar esa "subversión de todos los códigos", esa "dislocación de todos los órdenes de saber", esa "afirmación revolucionaria de la violencia", esa "inversión de toda la cultura contemporánea" cuya esperanza en forma de publicidad sostiene actualmente tantas empresas notables; a dichas empresas las admiro tanto más que al valor y a la obra ya hecha de los que se le vinculan garantizando, ¿no es verdad?, el resultado. Mi proyecto, por su parte, está lejos de tener semejante envergadura. Ayudar de una cierta manera a que se escamen algunas "evidencias" o "lugares comunes" a propósito de la locura, de la normalidad, de la enfermedad, de la delincuencia y del castigo, hacer de tal suerte -por cierto que junto con otros- que algunas frases ya no puedan ser pronunciadas tan fácilmente o que ciertos gestos no sea realizados al menos sin cierta vacilación, contribuir a que ciertas cosas cambien en los modos de percibir y las maneras de hacer, tomar parte en este difícil desplazamiento de las formas de sensibilidad y de los umbrales de tolerancia, etcétera: casi no me siento capaz de hacer más. [...]
Pero usted tiene razón, hay que ser más suspicaz. Posiblemente lo que he dicho haya tenido un efecto anestesiante, pero es menester todavía distinguir sobre qué.
Si se juzga por lo que han dicho [...] tengo la impresión de haber tenido sobre numerosas personas un efecto más irritativo que anestesiante. Las epidermis se chamuscan con una constancia que me alienta. [...]
Que los actos, los gestos, los discursos que hasta entonces les parecieron obvios se tornen problemáticos, peligrosos, difíciles: este es el efecto buscado. [...]
Es en la medida en que ha habido un despertar sobre todo un conjunto de problemas que la dificultad para actuar puede aparecer. Y no es que esto constituya un fin en sí mismo, pero me parece que "lo que hay que hacer" no debe ser determinado desde arriba, por un reformador con funciones proféticas o legislativas, sino por un largo trabajo de vaivén, de cambios, de reflexiones, de ensayos, de análisis diversos. Si los educadores de los que me hablan no saben cómo salir de ellos, esto constituye la prueba de que intentan hacerlo, y que por consiguiente no están anestesiados de ninguna manera ni esterilizados, sino por el contrario. Y para no atarlos ni inmovilizarlos es que no habría que dictarles "qué hacer". [...]
Es preciso sobre todo que la necesidad de la reforma no sirva de chantaje para limitar, reducir y detener el ejercicio de la crítica. En ningún caso hay que escuchar a los que les dicen: "No critiquen ustedes, que no son capaces de hacer una reforma". He ahí las palabras de gabinetes ministeriales. La crítica no tiene que ser la premisa de un razonamiento que terminaría en: esto es lo que queda por hacer. Debe ser un instrumento para loas que luchan, resisten y no quieren más a lo existente. Debe ser utilizada en unos procesos de conflictos, de enfrentamientos, de ensayos de rechazo. No tiene que ocuparse de la ley ante la ley. No es una etapa en una programación. Es un desafío con respecto a lo existente.

Michel Foucault (1978), Debate con los historiadores.

P.D.: El blog llegó a las 3000 visitas. ¡¡Muchas gracias a todos!!

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