viernes, 19 de noviembre de 2010

Ciencia

Es lindo cuando uno se encuentra con algo que le parece que está bien planteado, con lo que coincide. Esta es una de las razones por las que me apasiona la filosofía. Muchas veces pasa que nos recomiendan lecturas de las cuales no tengo nociones previas y resulta ser que el/la que lo escribió pensó lo mismo que yo (o algo muy parecido, para ser más precisos) como 500 años atrás. Y es maravilloso. Sobre todo porque muchas veces está expresado de una forma que tal vez no hubiese podido transmitir con tanta presición. Obviamente también te podés encontrar con chascos. Pero eso no quita el placer de leer algo que sorprende y cautiva.
Si bien este no es exactamente el caso (porque en lo que les voy a contar sí tenía nociones previas, así que más o menos sabía a lo que me iba a enfrentar), acabo de tener uno de esos momentos.
Contextualizo: estoy leyendo a Mr. Kuhn para preparar una materia (Epistemología). Y bueno, acabo de terminar los 13 capítulos (me falta la postdata, por eso no digo el libro) y me acabo de encontrar con algo que armoniza bastante bien con lo que pienso (por lo menos por ahora).
Y es que lo que incomoda no es el cambio en sí, sino lo que implica no tener una meta perfecta, saber que no nos estamos acercando a Dios, a la verdad o a la perfección por más que acentuemos y resaltemos el avance de las ciencias. Y es por eso que se vuelve tan relevante el ejemplo de Darwin. Kuhn nos dice: lo que hizo que mucha gente rechazara el darwinismo no fue la idema misma de la evolución (que de hecho ya se estaba gestando desde hacía varios años), sino la sentencia de que el ser humano no está más cercano a la perfección que cualquier otra especie (y ésta sería la herida narcisista de la que habla Freud). La humanidad es una especie más que está en la lucha por la superviviencia, y si subsiste no es porque sea más digno de admiración. Sí, hay evolución. Sí, hay progreso. Pero no nos estamos acercando o alejando de una meta. El progreso no es una mera acumulación lineal de conocimientos desde tiempos inmemoriales hasta el día de hoy. Y hay que aceptar que si bien la ciencia actual se vive como la verdad, no es tal.
Hay que pulir, lo sé. Pero me pareció interesante.

sábado, 25 de septiembre de 2010

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Invitación

Mañana jueves 23 toca Se ríe de vos en The Wall (Buenos Aires y Rioja).
Si señora, lo que era el Muro hace unos años.
Empieza a las 23 hs. con esta banda, siguen otras dos y termina tipo 2 de la mañana del día siguiente.
La anticipada sale $10 y en la puerta no sé, es un misterio.
No digan que no avisé!

lunes, 20 de septiembre de 2010

Cosas que pesan II


Hay algo que me sorprende de los protocolos que no sé bien qué es. Creo que me resultan un tanto pelotudos, nada más. El problema se da cuando se espera que uno lo siga (ni hablar cuando se exige). De todos modos hay protocolos y protocolos: una cosa es que te pidan que uses los tenedores (?) de afuera hacia adentro y otra es que rías o llores en ciertos momentos...
Como si uno pudiera controlar esas cosas.

Por suerte no me lo piden

o bien

Por suerte mis sentidos son selectivos.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Wittgenstein

Estoy trabajando con Wittgenstein hace un tiempo y recién hoy me puse a mirar un poco de su vida. Pasé por mi amiga Wikipedia y miren lo que dice acerca de su muerte:


Ludwig Wittgenstein murió en Cambridge, en casa de su médico, el 29 de abril de 1951, tras negarse a recibir tratamiento médico contra el cáncer de próstata que sufría. Se encontraba trabajando en un manuscrito que analizaba los supuestos y condiciones de la certeza, publicado de manera póstuma por la heredera de sus trabajos, Elizabeth Anscombe, bajo el título Sobre la certeza. Se dice que sus últimas palabras fueron: "Diles que mi vida fue maravillosa".
Mi mamá dijo: "¡Me alegro tanto por él! ¡Qué lindo debe ser llegar al final de tu vida diciendo que fue maravillosa!".
Me encantó. Eso nomás.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Astor Piazzolla

Bueno, me puse a mirar videos. Estaba buscando alguno de Invierno Porteño tocado por Piazzolla pero no encontré (sólo había de Otoño y de Verano). Y, por supuesto, millones de videos de Adiós Nonino y de Libertango. La cosa es que encontré algunos muy lindos y quiero compartirlos con ustedes. Voy a dejarles dos versiones de Adiós Nonino, una en orquesta y otra en quinteto. Después me cuentan cuál les gustó más. Yo no pude decidirme, las dos versiones tienen sus cosas muy lindas (me encantó el final de la orquestada pero también la espontaneidad del quinteto).

La orquestada:

De chusma nomás me puse a buscar algunos datos acerca del tema y miren lo que encontré:
Nonino means "grandfather" in Italian. And my children used to call my father Nonino, so when he died I wrote this composition called "Adiós Nonino". That's why it's like a Requiem.
Astor Piazzolla para la BBC en 1989.
Y algo que me emocionó bastante fue esto:


Papá nos pidió que lo dejáramos solo durante unas horas. Nos metimos en la cocina. Primero hubo un silencio absoluto. Al rato, oímos que tocaba el bandoneón. Era una melodía muy triste, terriblemente triste. Estaba componiendo Adiós Nonino.
Daniel Piazzolla, su hijo. Astor, Diana Piazzolla, 1986.


Bueno, espero que lo disfruten (I almost weeped).
Chau.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

La muerte del autor, el nacimiento del lector


Bueno, me colgué pero mal. Pido disculpas jaja.
Visto y considerando que estoy hasta las manos con la facultad, voy a dejarles un parcial domiciliario que hice para una materia (Teoría de la lectura). Qué sé yo, si tienen ganas de dejar alguna opinión, crítica o lo que sea.. bienvenido sea! Ahí va:



En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte.
Susan Sontag, Contra la interpretación.
No puede haber una teoría de la lectura o, más específicamente, una interpretación completa y acabada de la lectura porque, de haberla, no habría lectura.
Desde Saussure sabemos que el signo aislado no significa nada ya que están «definidos no positivamente por su contenido, sino negativamente por sus relaciones con los otros términos del sistema»[1]. Es decir, los signos son lo que no son los otros. El sentido de las palabras, entonces, no es puro sino que va a estar ligado al uso que se les dé, al contexto en el que ubiquen, a la relación que establezca con otros signos.
Ahora bien, ¿podemos decir que eso que expresamos mediante una cadena signos (un enunciado, por ejemplo) tiene un significado transparente, completo, acabado? Me inclino a pensar que no. Primero porque el lenguaje mismo no está acabado, ni es completo, ni transparente. El lenguaje es opaco y precisa replegarse sobre sí mismo para poder significar. No es homogéneo, sino heteróclito y multiforme (esto no quiere decir, no obstante, que el lenguaje no tenga determinadas reglas y criterios). Segundo porque cada palabra no se emparenta directamente con un significado ni con un pensamiento en particular (ni siquiera con un número determinado de ellos). Con esto quiero decir dos cosas: por un lado que una palabra no tiene un conjunto de significados predeterminados y fijos sino que tiene múltiples acepciones que pueden estar en boga, caer en desuso o reaparecer, dependiendo del momento histórico y de los individuos que ponen en práctica a la lengua. Por el otro, que si nos detuviésemos a pensar todas las acepciones posibles de una palabra, no diríamos nada. Nos perderíamos en la vastedad del lenguaje en lugar de dejarnos envolver por él. Es cuando nos olvidamos del lenguaje que podemos hablar, o leer, o escuchar. Es en este sentido que Merleau-Ponty sostiene que «todo lenguaje es indirecto o alusivo»[2]. Las palabras, entonces, no se agotan en un significado o en la designación de alguna cosa. Por otro lado, si los enunciados fuesen tan claros, no habría lugar para los malentendidos, las interpretaciones, las sorpresas.
Un enunciado, entonces, tampoco se agota en sí mismo. Si así fuese, estaríamos aceptando la existencia de lo que Bajtín llama «enunciados adánicos». Es decir, no hay un primer hablante como tampoco hay un hablante que no sea, en mayor o menor medida, un contestatario. Todo enunciado forma parte de una cadena de enunciados. Cada uno de ellos refuta, problematiza, acepta o niega a los enunciados pasados y, a la vez, tiene en consideración las posibles contestaciones que puedan llegar a hacerle. Todo hablante, todo escritor, participa de una visión del mundo y no permanece inmune a las vicisitudes de la historia. Lo mismo sucede con los oyentes, los lectores. Por otro lado, tampoco podemos aceptar la existencia de un «lenguaje privado» porque, tal y como nos dice Wittgenstein, es necesaria la apelación a una instancia independiente de nosotros que nos dé un criterio para establecer si hemos entendido (o no) una palabra, prestando atención a las reglas que están en juego en el uso del lenguaje (cómo funciona este criterio es un análisis muy rico que excede las pretensiones del presente trabajo).
El lenguaje y todo lo que él abarca, entonces, nunca expresa por completo. Si tenemos esta sensación es simplemente porque se trata de nuestra lengua materna pero, no obstante, «nunca puede llevarnos, “como de la mano”, hasta el significado, hasta las cosas mismas»[3].
Teniendo en cuenta estas consideraciones, ¿podemos llegar a ser, tal como ilustra Wittgenstein, «máquinas de leer»[4]? Es que de hecho podemos deslizar nuestra mirada por sobre un texto impreso sin prestar atención a lo que se está “leyendo”, por ejemplo cuando estamos muy cansados. ¿Pero es esto leer? Y en todo caso, ¿a qué nos referimos con ‘leer’?
Podríamos decir que para que haya lectura tiene que haber cierta comprensión de lo que se está leyendo. Es decir, se requiere que el lector lleve a cabo un proceso mediante el cual entienda el texto y, por lo tanto, no esté meramente deslizando sus ojos por sobre una cadena de signos. Pero surge así otro problema: ¿Cómo logramos que esa lectura no sea empobrecedora? No puede haber una construcción intelectual acabada de la lectura por los mismos motivos por los que no podemos aceptar que el lenguaje es transparente o completo (como si la lectura o el lenguaje estuviesen compuestos de compartimentos estancos susceptibles de un estudio interpretativo acabado). Por ende si vamos a aceptar que un texto es interpretable, esta interpretación no puede consistir en «desgajar de la totalidad de la obra un conjunto de elementos»[5] porque esta actividad sería, en efecto, un empobrecimiento de la misma.
Podríamos distinguir, a partir de lo dicho, dos tipos de lectura: uno en el que se pretende “deducir” (a falta de un concepto mejor) lo que el autor quiso decir cuando escribió y, por otro lado, una lectura más bien irrespetuosa, lúdica, por parte del lector en la que él mismo hace su interpretación de lo leído[6].
Si consideramos estrictamente el primer tipo de lectura vamos a llegar a la conclusión de que es, en realidad, impracticable. De ninguna manera podemos llegar a tener conocimiento de absolutamente todos los pensamientos, deseos, temores, etc. que experimentaba el autor en el momento en el que escribió el texto (y ni siquiera él debía tener plena conciencia de todos ellos) y por lo tanto nunca vamos a saber con certeza qué es lo que este autor quiso decir (esto es: no sabemos lo que el escritor tenía en mente en el momento de escribir). El otro problema que surge aquí es que se está considerando que la obra tiene un único significado verdadero que fue dado por el autor y al cual, por lo que decíamos hasta hace un momento, es inaccesible para los lectores. Si aceptamos eso, si afirmamos que el texto contiene en sí mismo una verdad objetiva que fue dada por el autor, los lectores estarán obligados a intentar leer a la luz de una verdad a la que, de hecho, jamás accederán. Los lectores están obligados, así, a leer con una dirección específica cuya guía es un sentido que no perciben en la lectura y con el que, probablemente, no estarían de acuerdo. Y es en virtud de ello que nos preguntamos: ¿es que un texto tiene una sola interpretación? Esto sería aceptar que el texto puede ser explicado y que la lectura (y la escritura también) termina con el punto final.
Es por eso que encontramos fundamental la introducción del segundo tipo de lectura, la que Barthes describe como irrespetuosa porque interrumpe la lectura, porque trae a colación elementos imprevistos, porque reescribe el texto que leemos. Ya no hay más una verdad objetiva, sino que hay una verdad lúdica que hace que levantemos la cabeza y asociemos al texto ideas y significaciones diferentes. La lectura deja de ser una actividad pasiva para convertirse en un verdadero trabajo de reescritura y enriquecimiento del texto. La escritura del texto, entonces, nunca se cierra porque se abre cada vez con los lectores, quienes interpretan libremente a este universo multiforme que es el texto. Es en este sentido que Barthes sostiene que «el nacimiento del lector se paga con la muerte del Autor»[7]. Necesitamos divorciar del texto a esa verdad objetiva, secreta y última que supuestamente da el Autor y que hace que el texto sea algo susceptible de ser simplemente descifrado o explicado. En el momento en el que lo logramos, podemos desenredar y recorrer la escritura y la lectura se convierte, así, en una actividad desde lúdica hasta revolucionaria. Es necesario, pues, dejar nacer a este lector que hace que el sentido del texto sea plural y que logra, de esta manera, evitar que se convierta en una Obra cerrada.
Y es que en realidad ni el autor mismo puede predecir lo que depara a su texto a pesar de que ponga todas sus intenciones en una dirección determinada. En una clase[8], Borges confesó que su mejor descripción de Buenos Aires fue reconocida por sus amigos en un texto que ni siquiera pretendía describir a la ciudad sino a un sueño, y esto a pesar de la cantidad de textos que pretendían describirla exhaustivamente resaltando el color local. Es en relación a esto que nos dice que «precisamente porque no me había propuesto encontrar ese sabor, porque me había abandonado al sueño, pude lograr, al cabo de tantos años, lo que antes busqué en vano». Y es, supongo, en este mismo sentido que Merleau-Ponty sostiene que tomamos conciencia de lo que pensamos y de lo que nos proponemos cuando lo expresamos. Es decir, expresamos cuando le damos una significación nueva a los significados ya disponibles, sedimentándolos, entonces, con expresiones completamente nuevas. Las palabras, por ende, nos sorprenden a cada paso y la vastedad del lenguaje nos impide reducirlo a un puñado de formas lógicas.






[1] Saussure, F. Curso de Lingüística General, cap. 4 §2, p. 199.
[2] Merleau-Ponty, M. El lenguaje indirecto y las voces del silencio, p. 67.
[3] Merleau-Ponty, M. “Sobre la fenomenología del lenguaje” en Signos, cap. 2 §III, p. 107.
[4] Wittgenstein, L. Investigaciones Filosóficas, p. 157.
[5] Sontag, S. Contra la interpretación, §3.
[6] Nos estamos refiriendo a la diferenciación que hace R. Barthes en Escribir la lectura.
[7] Barthes, R. “La muerte del autor” en El susurro del lenguaje, p. 71.
[8] Dictada en el Colegio Libre de Estudios Superiores y reproducida en el libro Discusión bajo el nombre “El escritor argentino y la tradición”.


Bueno eso, hice la tarea je. Originalmente tiene una introducción y una conclusión, pero no son más que repeticiones, así que no los pongo. E hice un par de modificaciones para que no sea tan "trabajo de la facultad".
Espero que sea de su agrado.
Saludos.

P.S.: Feliz cumple papi :)

miércoles, 26 de mayo de 2010

Invitación

Los invito a escuchar un programa de radio! Se llama InforMate y facturas y la locutora es una amiga mía (Machu). Es de 7 a 9 de la mañana los sábados por la FM 88.9 (Radio Gran Rosario).
Sé que el día y el horario es complicado, pero les aseguro que escucharla a mi amiga es un deleite.
Por si quieren chusmear un rato les dejo la página: http://www.informateyfacturas.com/
Besos!

miércoles, 5 de mayo de 2010

Tiempo


Nos encargaron para la materia 'Historia de la filosofía Medieval y del Renacimiento' un pequeño ensayo sobre el tiempo y la memoria sin consultar en ningún manual (esto es a propósito de lo que hizo Agustín en sus Confesiones). Es optativo. Pero el profe nos dijo que, por un lado es una verdadera práctica filosófica y, por el otro, que realmente íbamos a crecer haciéndolo. Y coincido en ambas apreciaciones.
Por ahora hice el del tiempo. Me animo y lo transcribo acá. Me gustaría mucho que me dieran sus opiniones. Y además invito a que también lo hagan.
Ahí va:


¿Qué es el tiempo? ¿Espera? ¿Segundos, minutos, horas? ¿El instante? ¿El tiempo de vida? O, podríamos preguntarnos con Neruda: ¿Cuánto tiempo vive el hombre? ¿Cuánto tiempo muere el hombre? ¿Qué quiere decir para siempre?
Partamos de intentar definir el presente. Algunos dicen que no existe, pero ¿qué es ésto sino mi presente, nuestro presente? Es verdad, el momento en el que digo ‘ahora’ ya pasó y es pasado. Pero entonces o todo ya pasó o todo es potencia.
No me convence, creo que es posible considerar al tiempo más allá del instante. Mario Benedetti dijo una vez que hay ‘ayeres’ y ‘mañanas’, pero que no hay ‘hoyes’. ¿Cómo podemos llegar a analizar nuestro futuro y nuestro pasado si no podemos siquiera pensar nuestro presente? Me niego a determinar que el presente no existe, sería una posición quietista. Además, ¿quién me puede negar que siento lo que siento en el instante que lo siento?
Me parece, entonces, que es una cuestión que no debe ser tomada tan teóricamente y que, además, permite ser analizada desde distintas perspectivas. Ya dijimos una: el instante considerado como continuo pasado. Pero también podemos pensarlo como presente de una época o etapa determinada, o como presente de mi existencia, o como este momento en el que estoy leyendo esto.
Puedo considerar a ‘hoy’ como mi presente y a ‘ayer’ y los días anteriores como mi pasado (así como a ‘mañana’ y los días precedentes como mi futuro). O a mis 20 años. O a este minuto, estas voces, colores, olores, sensaciones que continúo teniendo a pesar de que pse el tiempo. Quiero decir: aunque el ‘ahora’ ya fue, sigo sintiendo el dolor de espaldas, los autos que pasan y el tacto de la hoja que sentía minutos atrás. Y entonces, ¿no serán mis sensaciones las que determinan mi presente? ¿O es que el presente es uno pero lo experimento de distintas maneras?
Creo que existen múltiples y diversos presentes que, tal vez, se superponen. Mi presente físico, ideológico, cultural, geográfico, etc. que a la vez me permite pensar en un presente colectivo.
¿Pero cómo pasa el tiempo? ¿Linealmente? ¿Circularmente? Y me pregunto: ¿y si no tuviese una dirección determinada? ¿No puede ser que el tiempo se construya a cada paso? No creo que tengamos que pensar al pasado como un peso que nos conduce y al futuro como algo que forzosamente va a llegar por estar precedido por eses sucesos. No creo en el determinismo. Ni en el destino. Ni en la justicia kármica ni en ningún ente superior que nos cuente nuestro proceder final.
Por todo esto me niego a pensar que el presente no existe. Porque es el que nos permite pensar nuestro pasado y nuestro futuro no como fatalidades sino como posibilidades múltiples de suspensión o transformación.
El tiempo, por lo tanto, es todo. Es espera, vivencia, sensación, arrepentimiento, agradecimiento, felicidad, desastre, recuperación, acción, quietud.
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P.S.: El contador del blog está llegando a las 2000 visitas! Muchísimas gracias por seguir leyéndome!!

lunes, 19 de abril de 2010

Bolsita popular de sugus


Estoy preparando un textito de Maquiavelo para subir próximamente. Pero hasta entonces me gustaría disparar un debate. Es sobre un tema que me viene rondando en la cabeza hace bastante y que no termino de cerrar (y que, de hecho, no va a cerrar nunca [por suerte]).
¿Qué es la libertad? ¿Existe LA libertad o deberíamos hablar, más bien, de libertades? En el caso de que existiesen esas libertades, ¿es posible diferenciarlas claramente? ¿Se puede vivenciar la libertad en términos absolutos? ¿Puede ser que, en realidad, sea una carga? ¿Qué sucede con nuestro pasado? ¿Determina, sedimenta, no tiene consecuencias? ¿Y con el instinto? ¿Qué pasa con aquellas personas que se salen de lo que dicta nuestra naturaleza de supervivencia?
Etcétera. Etcétera. Etcétera.

Con la [salvadora] palabra final invito a que continúen todos los interrogantes que se les ocurra en torno a la libertad.
Opinen! Opinen!

PD: gracias Negro por susurrarme esas palabras que no hay que oir. Gracias a vos de nuevo y también a Nacho y a Santi por acompañarme en el intento de descifrarlas

miércoles, 31 de marzo de 2010

Bolsita de Sugus


No quiero ser tan teórica. O mejor, si tengo que elegir descartando el equilibro entre ser más teórica o más práctica, prefiero ser más esto último y ser menos de lo otro. ¿pero se puede plantear teoría sin práxis? ¿Cómo es una práctica sin, como mínimo, una base teórica?
De todos modos prefiero la práxis: hablar, discutir, actuar, hacer, gritar. No basta con ser intelectuales de café.

viernes, 19 de febrero de 2010

Reflexiones feministas II

Seré curiosa… Pero, ¿qué es lo que defiende la Iglesia Católica?
¿A los niños? ¿Buscar que ellos tengan amor y dignidad?
El padre Aguilar es más que un secreto en el closet de la iglesia. Después de esquivar cargos penales en California, donde la policía dijo que había abusado de al menos 26 niños, él fue acusado formalmente de abuso en 1997 en México. Él permaneció en el ministerio durante el juicio, con apoyo de la iglesia, aun después de ser encontrado culpable el año pasado. Recientemente, evitó una sanción en base a un tecnicismo, dijo un juez mexicano. [1]
¿A la diversidad? ¿A la igualdad?
En efecto, empezando en 1870 y por poco más de un siglo, el gobierno canadiense en cooperación con las iglesias de ese país creó un sistema por el cual los niños indígenas de las comunidades conocidas como Naciones Primeras, Inuit y Métis, eran separados forzosamente de sus familias y llevados a internados en los que se pretendía erradicar su identidad cultural. Aunque el propósito ostensible de los internados era el de enseñar oficios prácticos a los niños, su motivación ideológica era la destrucción de toda identidad indígena separada de una supuesta identidad nacional única. Tal como lo reconoció el Primer Ministro Stephen Harper frente a la Cámara de los Comunes, lo que se buscaba era “matar al indio en el niño”.
Naturalmente, tal proyecto sólo podía ser aplicado con enormes dosis de violencia institucional: las familias eran separadas en situaciones de gran brutalidad, los niños eran castigados cruelmente por utilizar sus nombres nativos o hablar su idioma. La violencia sexual, las palizas, la enfermedad y el hambre reinaban en estos internados. Como mudos testigos quedan los cementerios de niños indígenas al costado de los antiguos internados: no hay determinación clara de cuántos jamás volvieron con sus familias, ya fuera como resultado de haber muerto en los internados o huido de ellos.
[2]
¿La consigna 'vida para todos'?
La nueva investigación dibujó un panorama aún más inquietante. La lista de abusos es variada y descorazonadora: el informe incluye casos de novicias violadas por los sacerdotes a quienes tienen que solicitar los certificados oportunos, habla de médicos de hospitales católicos que se ven asediados por sacerdotes que les llevan 'a monjas y otras jóvenes para abortar'. O'Donohue cita un caso extremo, el de 'un sacerdote que obliga a abortar a una monja, ella muere y él oficia la misa de difuntos' por la joven fallecida. [3]
Ah. Macanudo.
Y leyendo la última nota me surgió una pregunta más, ¿qué pasa con todas esas organizaciones de lucha contra el aborto? ¿qué es lo que aclaman y qué lo que silencian?
Según cifras oficiales, en Argentina se practican 500.000 abortos clandestinos por año, casi un aborto por minuto. Se hospitalizan 68.000 mujeres al año por complicaciones derivadas de esta práctica y el 24,2% de las muertes maternas son a causa del aborto clandestino, que ya es la segunda causa de mortalidad materna en el país. [4]
¿Qué pasaría si se despenalizara? ¿Aumentaría la cantidad de abortos? Curiosamente vi estadísticas (que en este momento no encuentro, apenas las recupere las subiré) en las que se mostraba que la cantidad de abortos había disminuido en aquellos países en los que no era punible. Y obviamente la cantidad de mujeres muertas era mucho menor por ser practicado en lugares con la salubridad necesaria.
Lo que me resulta más curioso es... bueno, el ejemplo de la fuente 3. La Iglesia levanta el dedo en contra de estas supuestas conductas inmorales que atentan contra la vida y son ellos mismos los que obligan a sus monjas a abortar, los que abusan sexualmente de niños, los que anulan la identidad.
Me gustaría mucho que opinen y ofrezcan su posición (con una buena justificación por favor). Me despedido con un fragmento de una contratapa de Osvaldo Bayer:
En primer lugar, las jerarquías católicas deberían recurrir a la experiencia del ser humano y a la ciencia. Hacer cursos con psicólogos, con médicos, sí, hasta con poetas, acerca de palabras como amor, cuerpo humano, hijos. Y de allí, al estudio de todos los complejos y hasta enfermedades mentales que se originan con las prohibiciones, llamados “pecados” por el catolicismo. Preguntarse desde cuándo y quién impuso lo de la llamada “castidad” y aquello de que sólo el hombre, como sacerdote, puede ser representante de Dios en la Tierra. No es así. La mujer es parte de la vida, fundamental, y no sólo está para rezar del lado de enfrente del altar sino para actuar y acompañar. [5]
PD: hoy no hay historieta.
Fuentes:
[2] ICTJ
Edición del 28 de Febrero: encontré la fuente que les debía.
Países donde se han desarrollado programas respetuosos de los derechos sexuales y reproductivos que incluyen la legalización del aborto, tienen tasas mucho más bajas de aborto que las estimadas en países donde éste es ilegal. Por ejemplo, en dos países donde el aborto es legal como Holanda y Canadá se realizan 0.53 y 1.20 abortos por cada 100 mujeres en edad reproductiva, respectivamente. En Argentina, donde está penalizado, se estima que se practican 5.35 abortos cada 100 mujeres en edad reproductiva.