jueves, 25 de diciembre de 2008

Formas de cambiar el mundo


El otro día me puse a hablar con unos amigos (Luchi y Pei), y en medio de la larga conversación que tuvimos (muy linda) surgió un tema bastante interesante. De todos modos voy a hablar en primera persona porque no quiero poner en su boca palabras que tal vez no quisieron decir. En fin.
La cosa es así: yo no estoy conforme con la sociedad actual. Estoy prácticamente segura de que nadie puede sentirse absolutamente conforme. Uno dice: “hay que promover el cambio”, “hay que moverse, hay que hacer cosas”, “hay que transmitir mensajes”, “hay que hacer que la gente tome conciencia de los problemas actuales”. Uno también dice que lo que le falta a la sociedad es tal o cual cosa y está convencido de eso. Cada uno tiene su utopía (y si no, ¿qué nos motiva para seguir?). Pero justamente el problema es ese: las utopías son propias. Yo puedo decir que algo es esencial para que todo mejore, y muy probablemente me encuentre con mi vecino que me diga que eso en realidad es una boludez a pedal y que en realidad se necesita tal otra. Aquí es cuando uno se encuentra trabado: ¿quién soy yo para decirle a fulano o a mengano lo que es bueno para ellos? ¿Y qué si ellos están conformes con algo con lo que yo no estoy? Yo no le puedo imponer a nadie lo que creo, y tampoco deseo hacerlo. Entonces, ¿cuál es la solución?
Me acuerdo que cuando llegamos a este punto de la conversación me sentí abatida. Digamos, no era la primera vez que pensaba en el tema y era algo que me revoloteaba por el bocho. Y no es un tema agradable, por lo menos para mí. No me quiero resignar, no quiero pensar que todo va a seguir igual y que no hay solución para nada.
Por suerte la conversación siguió.
Es que claro, uno no es nadie para decirle a cualquiera lo que hay que hacer. Pero esto no es una excusa para dejar de moverse. Si uno se hace escuchar es posible que haya gente que coincida con uno (y no, por suerte). Y además si escuchamos nos vamos a dar cuanta de nuestras fallas y aciertos, vamos a enriquecer nuestros propios pensamientos. Al abrirse a las críticas nuestra visión se vuelve inabarcable. Es por esto que la conversación es tan importante.
Lástima que es tan difícil aprender a escuchar.

PD1: Ojalá hayan tenido una hermosa Navidad.

2 comentarios:

  1. Ufff... tal cual, has resumido en pocas palabras muchas cosas que siempre me rondaron por la cabeza...
    este es un blog nuevito, veo... y pinta interesante,
    no te pierdo la pista, nos vemos!

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  2. Esta bueno ceci lo que planteas, creo que en verdad cada uno tendrá sus propias utopías pero muchos aspiramos a un modelo de mundo mejor, está claro que no todos, pero lo bueno es que mediante las conversaciones uno va dando por fuertes algunos conocimientos o pensamientos y va dejando de lado otros, cuando esto sucede, me parece que podemos llegar a concordar todos en muchos de los puntos, lo importante es no dejar de pensar pero tampoco de imaginar, que es más importante, y después de eso animarnos a poner nuestras ideas sobre la mesa para abrir una discusión e incorporar cosas nuevas o rechazar las nuestras. Mediante el diálogo espero que lleguemos a un mundo mejor.

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